En las enseñamzas del Beato Chaminade, o lo que es lo mismo ” El espíritu de fe”

Su experiencia durante la Revolución francesa lo llevó a concluir que la fe es el centro de la vida del cristiano. Prefería hablar del Espíritu de Fe, con frecuencia utilizó una expresión que era sinónimo: “la Fe del corazón”. Para decirnos que la fe debe tocar lo más profundo de la persona hasta el punto de poder ver y juzgar todo lo que ocurre y se hace en la vida con las luces que vienen de la fe. En un lenguaje actual diríamos para ver, sentir y actuar con el estilo de Jesús que llega hasta nosotros por el Evangelio.

 

Son dos las dimensiones de la fe que se valoran hoy en día: el testimonio y la profecía. Testimonio para mostrar que la fe es el camino que nos lleva a la verdadera felicidad humana. Profecía para denunciar todo aquello que nos lleva a tratar a las personas como si fueran cosas, y anunciar que el amor nos lleva a vivir la verdadera fraternidad, donde los pobres tienen un lugar preferencial en la vida de la Iglesia.

 

Desde luego, la fe de la mente tiene su lugar en la vida del creyente, pero no es suficiente. La fe debe llevarnos a amar y seguir a Jesús con pasión y alegría, lo cual nos lleva a consagrarnos con igual fuerza al servicio de los demás, especialmente a saber poner todo lo que somos y tenemos para mejorar la calidad de vida de tantos cuya vida está lejos de calificar para ser considerada una vida digna de los hijos de Dios. Una fe que se quede en la asimilación mental de las verdades reveladas no es suficiente. La fe opera por la caridad, dirá más tarde, San Pablo. La fe sin el amor no es suficiente. La fe nos debe transformar y nos compromete a transformar la sociedad en el reinado de Dios.

 

Los obstáculos al crecimiento de la fe no son pocos: la indiferencia religiosa, negar que la fe tenga que ver, y mucho, con las cosas importantes de la vida, el conocimiento religioso que no está a la altura de nuestro conocimiento científico, la propuesta de una espiritualidad sin Dios como es el caso de la Nueva Era, el individualismo y el consumismo, la falta de conciencia de que la riqueza no es un fin en sí misma, conducente al deterioro del medio ambiente, ni está bien distribuida, produciendo mayor distancia entre ricos y pobres, y que aún hoy se dan relaciones de esclavitud en el mundo de la economía.

 

¿Cómo cultivar la fe? Acercarnos al Evangelio. Cultivar nuestra vida de oración. Transmitir la fe a los demás. Compromiso con el pobre y con el que sufre. Ser, como nos enseñó nuestro Padre Fundador, hombres y mujeres de fe a carta cabal. La fe transforma nuestra manera de mirar y juzgar lo que nos ocurre en la vida. La oración nos ayuda a escoger lo mejor, lo que más nos conviene, es decir a reconocer y actuar según la voluntad de Dios para nosotros.

 

Si nuestra comunidad no nos ayuda a crecer en la fe y no nos prepara para transmitir la fe a otros no está cumpliendo el fin para el que fue creada. Dios nos ha llamado a vivir la fe y a transmitirla en comunidad, no nos ha llamado a vivir “mi fe” personal.  Finalmente, la Familia marianista, tenemos en María el modelo perfecto de fe, ella es la mujer del “sí” a Dios. El año de la fe se convierte en una gracia para nosotros si crecemos en espiritualidad, reflexionado, como María, en todas las cosas que nos ocurren; sí podemos discernir el camino a seguir en los momentos de oración. Sí podemos mejorar como personas, sin permitir que nuestras limitaciones y defectos propios ni ajenos nos logren desanimar del camino de la fe. Si no, por el contrario, nos llevará a la experiencia de la misericordia divina, para ser tolerantes y humildes al experimentar nuestras limitaciones. La ternura y la compasión en nuestras relaciones con los demás será el signo que nos convertido a la fe del corazón.

 

 

Rev. P. Rafael Luyo S.M.